Maternidad en Pandemia

Crianza pandémica


Nunca se me hubiera ocurrido imaginar, que viviría una pandemia mundial. 
Tendemos a pensar, que las cosas malas, las épocas de vivir este tipo de situaciones son cosa del pasado. 
Si bien todos sabemos que la crianza no es fácil, toma tres tazas de pandemia mundial.

El confinamiento no fue plato de buen gusto. Los primeros días estábamos muy motivados y animados. Pero después de dos semanas encerrados la cosa empezó a ir mal. Muy mal. Las ideas de entretenimiento se acaban, la moral baja, estas hasta los mismísimos de estar encerrada. Toda la familia está harta de estar encerrada. 

Una vez encontré a Superboy asomado a la ventana de su habitación, porque quería ver la calle. Mi primera reacción fue ponerme histérica, como muchos se imaginarán. La escena no fue agradable. Me sentí aterrada, solo lo dejé 2 minutos en su habitación y cuando volví estaba asomado. No necesitan más para hacer remover las entrañas. Dos minutos. 

Después hablamos y creo que deje bien claro, que, si se cae de una altura de 7 pisos, la cosa se acaba ahí. No es un juego en el que vuelve a revivir. El juego se termina, sin más vidas. Sin vuelta atrás. No volvió a hacerlo. Claro que tampoco le he dado oportunidad. 

Explicarle que no podíamos salir por un virus que está haciendo enfermar a la gente, no fue difícil. Incluso el más de una vez nos ha dado una lección a nosotros. Creo que en general todos los niños nos han dado una lección de saber estar. Fueron los únicos (salvo excepciones) en no poder salir durante todo el confinamiento. Nada de parques infantiles en tres meses. Ni de reuniones con amigos. 

Ellos han sido pacientes. Al contrario que muchos de nosotros. 
Personalmente los ataques de ansiedad me dieron más de un quebradero de cabeza. En casa teníamos peleíllas por ver quién sacaba la basura cada noche. Ya que así al menos salías a la calle, aunque fuera un minuto de paseo.

Aquí la que más me preocupa es Supergirl. Ella está creciendo en plena pandemia. Al principio del confinamiento siempre nos traía las zapatillas para ir a la calle. Y claro, explícale a una peque de 18 meses, que no se puede salir. En una palabra. Rabieta. 

Pero luego nos acostumbramos a vivir así, incluso la idea de salir de casa llegó un momento en que a mi me daba un poco de ansiedad. La tortilla dio la vuelta. Y aunque la mascarilla me agobia un poco, porque lo he pasado bastante mal este año con el asma, ahora es un complemento más cuando nos preparamos para salir. 

Incluso para Supergirl. Ella te pide usar la mascarilla. Veo la cara de la gente cuando camino por la calle. Y he recibido algún que otro comentario. “pobrecita. ¿Por qué le pones la mascarilla? No le hagas eso a la niña.”
Y se sorprenden cuando les corrijo. 

No, no. Aquí la pobrecita soy yo si no le pongo la mascarilla. Es lo primero que me pide cuando la siento en el carro. Cuando todo esto comenzó, yo le compre mascarillas a Superboy, es el que está obligado a llevarlas. 

Pero como vimos que ella también las pedía una amiga me regaló unas mascarillas de bebés. No se de donde las saco, pero me salvo de las rabietas constantes. De los gritos y llantos, porque ella también quería. Así que si. Mi hija de 2 años lleva mascarilla. Eso si, se la quita cuando ella quiere. La chupa, la manosea… es lo normal, es un bebé. ¿Y qué podemos hacer?

¿Qué debería hacer? Y cuando me pide que le ponga el gel desinfectante, ¿qué debería hacer?

Me preocupa que al crecer en estas circunstancias sea hipocondriaca. No me gustaría ese tipo de vida para ella. Pero ¿qué podemos hacer? 
Se está criando en plena pandemia mundial. Si no le afectara lo más mínimo, me sorprendería. Y como mi hija, seguro que muchos más niños crecerán como ella. 

Hasta dentro de unos pocos años no podremos saber exactamente cómo ha afectado todo esto a nuestros hijos más pequeños. Hasta entonces, cuidémonos, cuidemos de los demás. 
Aprendamos de todo esto. 

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